sábado, 18 de julio de 2009

EL DUQUE DE NAPOLES

Es verano. Pocos árboles quedan de pie, la mayoría yacen secos en el piso, desintegrándose poco a poco, hay escasas islas verdes, compuestas por el pasto que se aferra inútilmente a compartir el mismo destino de la mayoría de los pastizales color ocre que dominan el horizonte, un horizonte oculto por las nubes de polvo que levantan las llantas de la larga fila de vehículos en su lento avanzar. El rostro de los conductores está completamente quemado, solamente los guías, nativos del lugar, parecen soportar el calor árido de la sabana africana. Los extranjeros nunca habían experimentado nada similar, su vivencia más cercana fue, si acaso, el norte de México y el sur de los Estados Unidos, pero remotamente se compara con esto, ellos, están habituados al calor, pero bruñido por la humedad.

Los escucho a todos. Creí, por un instante, que los iba a silenciar en cuanto tuviera las esposas puestas. Han transcurrido tres meses. No he podido dormir más que un par de horas diarias, estoy débil, he perdido peso y ya no pienso con la misma lucidez, pero parece ser que soy el único que lo ha notado, mis vecinos, los guardias y el resto de los bastardos que están aquí, cuando se dirigen a mí aún lo hacen temerosos, con precaución y respeto, como siempre ha sido. Saben quién soy, todos lo saben y no piensan tomarme a la ligera. He decidido no salir más al patio, prefiero estas cuatro paredes que comienzan a ser familires. No puedo concentrarme aquí dentro, tampoco puedo disfrutar del sol, ni del aire, no puede hacerlo, no con las voces de las 200 víctimas de la bomba de Aviacsa, no con las voces de los 80 muertos del atentado contra el Departamento Administrativo de Seguridad. Comienzo a perder la razón, necesito salir. Cometí un error. En 1991 cometí un error. Han pasado tres meses y hoy, me iré.

Los vehículos se detienen. El polvo se disipa rápidamente. En cuanto le permiten bajar, él no titubea, su paso es firme, lento, pesado. Nunca agacha la cabeza, observa siempre a su alrededor, no deja de caminar, tiene a la vista a sus amigos y compañeros, a sus opresores que con rifles AK-47 lo conducen al avión charter. Observa el avión, la oscuridad de su entrada le recuerda la fauces del león, titubea un momento, piensa en retroceder, sus ojos se cruzan por primera vez con los de ella, una mirada que expide miedo, él reconoce que se ha quedado sin opciones, sigue caminando.

Todo indica que las cosas nunca serán igual, datos proporcionados a este medio a través de un informarte, que por su seguridad decidió permanencer en el anonimato, nos asegura que Escobar no ha parado de correr, esta siendo cazado como un animal. Un grupo paramilitar que se autonombra "los pepes" (Perseguidos por Pablo Escobar) aseguran que el recién fugado de la prisión de Medellín, ha firmado su sentencia de muerte. Los rumores indican que a la cacería se ha sumado el gobierno colombiano. Los abogados y amigos de Pablo Escobar han comenzado a inundar de sangre las calles de las ciudades, de la selva, de las haciendas. Mientras tanto, Pablo, escondido, no deja de huir.

Ha olvidado su nombre original, aquel que ganara en la sabana africana. Pepe no recuerda nada fuera de las fértiles tierras de Nápoles, Colombia, a donde llegó hace 15 años. Es inmenso, fuerte, agresivo, el consentido de Pablo. Desde que llegó a la hacienda ha vivido peleando constantemente, es el costo del poder, él lo sabe, ambos lo saben.

No lo hemos encontrado y los pinches americanos están pisándome los huevos. ¿Qué le falta general? Ya han pasado más de dos años y nadie puede dar con él, cada vez aparecen más notas en los periódicos de nuevos ejecutados por ese cabrón, o de pequeños pueblos que lo apoyan... No me venga con pendejadas, le he dado todo lo que pide, además, esos pinches pepes son uno imbéciles, no han hecho otra cosa más que matar a uno que otro abogado jodido...Primero alejar su rostro inepto de mi presencia, luego, aceptar la ayuda de los gringos en el territorio...

La Hacienda de Nápoles alguna vez poblada en todos sus rincones, luce desierta, la mayoría de sus ocupantes han muerto de hambruna, solamente los habitantes de los 20 lagos que existen en el lugar, permanecen. Hipo nació a principios de dos mil seis, cría de Pepe y de Matilda, los tres tuvieron que huir de la hacienda una vez que el Viejo, tras varios intentos, al fin lograra coronarse macho dominante. La familia ha comenzado su exilio caminando por los valles y montañas de la región, varios pobladores han denunciado a la policía los hechos. El gobierno ha respondido ordenando a los soldados que inicien la “caza de control”.

Si, había cumplido 44 años el día de ayer. De haber sabido que los gringos nos estaban escuchando hubiese colgado de inmediato, mi padre se dio cuenta que algo extraño pasaba, por eso me colgó, pero ya era demasiado tarde. Uno de sus hombres, de los pocos que sobrevivieron, me relató todo. Al parecer eran las dos de la tarde, unos pocos minutos después de cuando colgamos, las fuerzas conjuntas rodearon el estadio Atanasio Girardot de Medellín, a los pocos minutos, dos de los terratenientes de mi padre le alertaron de la llegada de militares y varios agentes de la DEA, le aconsejaron que huyera... el se negó... de no haber estado yo aquí... en Alemania... lo hubiese llevado conmigo, aunque fuera a punta de pistola... pero el decidió enfrentarse a tiros... "Fue una operación tipo comando, impecable", me contó el amigo de mi padre... él tomo sus dos pistolas y comenzó a disparar con gran fuerza, era un gran tirador, mató a varios antes de caer... si, el estaba disparando desde el techo, el primer balazo que recibió fue directo en la cabeza, cayó del tejado, una vez en el piso, los militares le dieron el tiro de gracia... ¿la foto?... no, no quiero hablar de eso... ¿sus dos pistolas?... si, me las entregó...alemanas, las dos...

Los soldados rastrean a la familia hasta Puerto Berrío, a donde llegan siguiendo el cauce del río Magdalena. Los observan de lejos por varios minutos, agazapados, sin hacer el menor ruido, la orden es precisa, no disparar. Nerviso, novato, lleno de adrenalina, un joven soldado no soporta la espera, le sudan las manos, acaricia el gatillo. Se escucha un disparo, el estruendo pone a todos en alerta, el sonido se reproduce como el eco de la muerte que se aproxima. Matilda e Hipo se sumergen en el río y continuan su andar, la corriente los arrastra, los aleja rápidamente de la orilla. Ambos no pueden hacer otra cosa mas que observar a Pepe, se prepara, está listo, embestirá a los soldados como en sus años de juventud. Pepe yace tendido en el piso, con ganchos amarrados a su piel y un grupo de orgullosos soldados a su lado.



























Epílogo: La foto de Pepe rodeado de soldados originó un movimiento ambientalista en Colombia, el Parque Jaime Duque ha adoptado a la cría, la hembra ahora descansa en el zoológico Matecaña de Pereira. El hijo de Pablo Escobar, Pablo Escobar Henao, juró vengarse.

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