Hoy miércoles 15 de julio de 2009 se rindió un homenaje oficial a los 12 policías caídos en Michoacan, víctimas de un ataque premeditado y planeado por el grupo criminal La Familia.
De lo anterior, se puede hablar de muchas cosas; de los miembros infiltrados que tiene el narcotráfico entre los funcionarios estatales y federales y en la policía federal, de otra manera, uno no puede explicarse como es que estos miembros del cuerpo policiaco, que estaban en descanso, sin uniformes federales, pudieron ser localizados y atacados a sangre fría. También podemos hablar del trabajo de inteligencia que está efectuando el narcotráfico para atacar a sus enemigos, la pregunta es, si nuestra policía está haciendo lo mismo o algo similar, es importante destacar, que de ninguna manera esta guerra puede ganarse a golpe duro, es necesario utilizar la inteligencia del Estado, tanto policiaca como militar, de caso contrario, los criminales siempre estarán un paso adelante.
Pero no quiero enfocarme en ninguno de los temas anteriores, por el contrario, quiero llamar la atención a un evento en particular. El funeral oficial. Un evento, donde se pretende honrar a los "héroes caidos en el cumplimiento de su deber", no puede estar excento de semejante sobriedad y falta de tacto por parte de los altos mandos de la policia y del ejército.
Es cierto, con el tiempo, estos trabajos tendrán que ser mejor remunerados, pero también es cierto, que con la escalada de la violencia que estamos presenciado y que seguramente continuará, no podemos excentarnos de brindar el apoyo y el aplauso a aquellos miembros de las policías y del ejército que están luchando contra el narcotráfico. Podemos estar o no de acuerdo con esta lucha, pero ellos siguen obedeciendo ordenes y muriendo todos los días.
El funeral que presenciamos hoy, fue triste y su sobriedad llama la atención, no se presentó ningún alto funcionario identificado por la opinión pública (puede haber asistido el secretario del procurador federal, pero si la opinión pública no identifica al funcionario, carece de fuerza y de mensaje) y fue celebrado en la base policiaca de Michoacán.
Lo anterior contrasta con la gran despedida del que fue objeto Muriño a principios de noviembre de 2008. En el campo marte, con la presencia de todos los secretarios del gabinete presidencial y el propio Presidente. Claro, algunos dirán que era el Secretario de Gobernación (ademas de amigo personal del Presidente), pero es precisamente aquí, donde reside el peligro. Es momento de cuidar a la tropa, de estar con ella y todos los honores que vengan en el futuro, tienen que tener una trascendencia similar a aquella del 2008. Esto elevaría la moral de la tropa y ayudaría a que los altos mandos policiacos y militares, convencieran a los soldados y policías, de que ayudar a su país, trae grandes recompensas.
Además, no podemos olvidar que el gobierno de Calderón esta perdiendo la gran oportunidad de trascender estas muertes, para entenderlas no solo como un ataque a los cuerpos de seguridad, sino a la sociedad entera, y de esta manera, tratar de infundir corage e indignación en la opinión pública, tal y como debería de ser, tal y como lo demostró el pueblo español con la muerte del policía a manos de la ETA hace algunas semanas.
Estos homenajes privados, con entierros sobrios, carecen de ese gran mensaje que brindan los funerales militares, policíacos y de bomberos en los Estados Unidos.
Al menos, espero, que las familias de los oficiales caidos estén seguras y sean apoyadas por el gobierno mexicano.
De lo anterior, se puede hablar de muchas cosas; de los miembros infiltrados que tiene el narcotráfico entre los funcionarios estatales y federales y en la policía federal, de otra manera, uno no puede explicarse como es que estos miembros del cuerpo policiaco, que estaban en descanso, sin uniformes federales, pudieron ser localizados y atacados a sangre fría. También podemos hablar del trabajo de inteligencia que está efectuando el narcotráfico para atacar a sus enemigos, la pregunta es, si nuestra policía está haciendo lo mismo o algo similar, es importante destacar, que de ninguna manera esta guerra puede ganarse a golpe duro, es necesario utilizar la inteligencia del Estado, tanto policiaca como militar, de caso contrario, los criminales siempre estarán un paso adelante.
Pero no quiero enfocarme en ninguno de los temas anteriores, por el contrario, quiero llamar la atención a un evento en particular. El funeral oficial. Un evento, donde se pretende honrar a los "héroes caidos en el cumplimiento de su deber", no puede estar excento de semejante sobriedad y falta de tacto por parte de los altos mandos de la policia y del ejército.
Es cierto, con el tiempo, estos trabajos tendrán que ser mejor remunerados, pero también es cierto, que con la escalada de la violencia que estamos presenciado y que seguramente continuará, no podemos excentarnos de brindar el apoyo y el aplauso a aquellos miembros de las policías y del ejército que están luchando contra el narcotráfico. Podemos estar o no de acuerdo con esta lucha, pero ellos siguen obedeciendo ordenes y muriendo todos los días.
El funeral que presenciamos hoy, fue triste y su sobriedad llama la atención, no se presentó ningún alto funcionario identificado por la opinión pública (puede haber asistido el secretario del procurador federal, pero si la opinión pública no identifica al funcionario, carece de fuerza y de mensaje) y fue celebrado en la base policiaca de Michoacán.
Lo anterior contrasta con la gran despedida del que fue objeto Muriño a principios de noviembre de 2008. En el campo marte, con la presencia de todos los secretarios del gabinete presidencial y el propio Presidente. Claro, algunos dirán que era el Secretario de Gobernación (ademas de amigo personal del Presidente), pero es precisamente aquí, donde reside el peligro. Es momento de cuidar a la tropa, de estar con ella y todos los honores que vengan en el futuro, tienen que tener una trascendencia similar a aquella del 2008. Esto elevaría la moral de la tropa y ayudaría a que los altos mandos policiacos y militares, convencieran a los soldados y policías, de que ayudar a su país, trae grandes recompensas.
Además, no podemos olvidar que el gobierno de Calderón esta perdiendo la gran oportunidad de trascender estas muertes, para entenderlas no solo como un ataque a los cuerpos de seguridad, sino a la sociedad entera, y de esta manera, tratar de infundir corage e indignación en la opinión pública, tal y como debería de ser, tal y como lo demostró el pueblo español con la muerte del policía a manos de la ETA hace algunas semanas.
Estos homenajes privados, con entierros sobrios, carecen de ese gran mensaje que brindan los funerales militares, policíacos y de bomberos en los Estados Unidos.
Al menos, espero, que las familias de los oficiales caidos estén seguras y sean apoyadas por el gobierno mexicano.
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